No venimos de familia panadera, venimos de familia con hambre de tradición.
No traemos generaciones de panaderos en la sangre, pero traemos una obsesión sana por los sabores, las combinaciones, las texturas y las costumbres de la cocina mexicana que nos acompañaron toda la vida en reuniones familiares, momentos especiales, una cena cualquiera, o ahí mismo en la cocina de la abuela cuando no alcanzaba a llegar al comedor.
Empezamos esta nueva generación panadera sin recetario heredado, pero sí con ganas de hacer las cosas bien y no copiar lo que ya hace todo el mundo.